3.4.07

La cuestión mapuche. Un desafío para el gobierno chileno.


Una agenda de políticas indígenas basada en derechos


El sistema internacional no reemplaza a los mecanismos que se necesitan en el ámbito estatal para garantizar los derechos humanos. Sin embargo, como demuestra el caso que comentamos, la jurisprudencia y recomendaciones de las instancias internacionales, fortalecen la legitimidad y posiciones de los pueblos indígenas como titulares de derechos.

POR VICTOR TOLEDO.

Las conclusiones y recomendaciones de los Comités de Naciones Unidas a Chile han introducido un nuevo y decisivo factor en el proceso de diseño de las nuevas políticas hacia los pueblos indígenas en Chile, imponiendo al Gobierno de Chile una agenda mínima de tareas, que está bajo examen internacional. La “nueva política indígena" del gobierno ya no solo debiera limitarse a una consideración discrecional de los planteamientos de las organizaciones y comunidades indígenas, sino que debe cumplir obligaciones de derecho internacional. Y eso es saludable para los derechos de los pueblos indígenas.

Las Conclusiones y Recomendaciones del Comité de Derechos Humanos (CDH) y del Comité de Derechos del Niño (CDN) fueron formuladas después de examinar los respectivos informes periódicos de Chile, en cumplimiento de obligaciones del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y la Convención de Derechos del Niño, respectivamente. Las sesiones de verificaron los días 26 de enero de 2007 (CDN) y 15 de marzo de 2007 (CDH).

En el proceso de diseño de la “política de nuevo trato” y la “nueva política indígena urbana”, tales recomendaciones son insoslayables. Al mismo tiempo, las recomendaciones han venido a legitimar y reforzar, desde el derecho internacional, los planteamientos y reclamaciones que han hecho las organizaciones indígenas ante diversas instancias gubernamentales.

PRINCIPALES RECOMENDACIONES DE INTERÉS PARA DERECHOS INDÍGENAS

Destacamos las siguientes recomendaciones:

• Ratificación del Convenio 169 de la OIT;
• Reconocimiento de derechos de los pueblos indígenas en la Constitución;
• Modificación de la política y legislación penal y policial;
• Obligación de consulta a las comunidades indígenas antes de aprobar proyectos que afecten sus tierras;
• Garantizar los derechos a restitución y protección de las tierras ancestrales,
• Modificar la legislación sectorial que pueda afectar las tierras ancestrales y los derechos reconocidos en el Pacto Internacional de derechos Civiles y Políticos.
• Garantizar los derechos a la educación y la salud de los niños indígenas.
• Implementar las Recomendaciones del Relator R. Stavenhagen

Dichas recomendaciones ameritan ser analizadas, una por una, por las organizaciones indígenas, sus dirigentes y equipos técnicos, para exigir al estado su cabal cumplimiento a través de nuevas políticas estatales.

UNA VICTORIA MAPUCHE EN EL DERECHO INTERNACIONAL

Una atención y valoración de las recomendaciones que debe ser mayor, cuando se constata que en la Recomendación del CDH, respecto al derecho sobre las tierras ancestrales, estamos ante una victoria jurídica y doctrinaria en el derecho internacional, trascendental para el pueblo mapuche y todos los pueblos indígenas.

En efecto, el Comité ha respaldado y legitimado una de las más arraigadas reivindicaciones de los comunidades mapuche, como es la protección y restitución de las tierras ancestrales, e incorporado la expresión “tierras antiguas” a la jurisprudencia internacional. Y el Comité ha fundamentado su recomendación respecto a la obligación de proteger el derecho de los pueblos indígenas a la tierras, vinculándolo al derecho a la cultura (articulo 27) y en el derecho a la libre determinación de los pueblos y la soberanía de los pueblos sobre sus recursos naturales (articulo 1, numero 2 del pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos).

Abordaremos esa recomendación específica y sus implicancias para la Política de Tierras de CONADI en un texto aparte. En esta ocasión nos interesa subrayar la necesidad de vigilar y exigir el cumplimiento de las recomendaciones, y de la pertinencia y viabilidad de políticas indígenas basadas en derechos.

VIGILANCIA DE LA IMPLEMENTACIÓN DE LAS RECOMENDACIONES

El sistema internacional no reemplaza a los mecanismos que se necesitan en el ámbito estatal para garantizar los derechos humanos. Sin embargo, como demuestra el caso que comentamos, la jurisprudencia y recomendaciones de las instancias internacionales, fortalecen la legitimidad y posiciones de los pueblos indígenas como titulares de derechos y ayudan a supervisar la conducta del estado y sirven de contrapeso a la fuerzas políticas locales, que obstaculizan en el cumplimiento de los derechos humanos.(1)

Las conclusiones y recomendaciones de los comités son la interpretación autorizada de los Tratados de Derechos Humanos. Las conclusiones y recomendaciones de los comités tienen el efecto de reforzar y legitimar a las personas y los pueblos en la titularidad de sus derechos y en la exigibilidad del cumplimiento de las obligaciones estatales. Y esa reafirmación y legitimación no es algo menor para pueblos y comunidades cuyos derechos han sido sistemáticamente negados.

El Comité de derechos Humanos y el Comité de Derechos del Niño han dejado en claro al Estado de Chile que, desde el derecho internacional, los derechos de los pueblos indígenas existen, son exigibles en tanto derechos humanos, y generan obligaciones estatales, incluso en casos de estados, como Chile, que se han negado a reconocer derechos de pueblos indígenas en su legislación interna. Los derechos de los pueblos indígenas son derechos humanos, y en tanto tales, son anteriores a los propios estados, y su respeto, protección y garantía es obligatorio.

¿Cumplirá cabalmente y de buena fe, el estado de Chile las recomendaciones? Eso depende en gran medida de los marcos de las políticas públicas, y voluntades políticas gubernamentales y del grado de presión, vigilancia y exigencia que realicen los pueblos directamente interesados y sus organizaciones.

EL ENFOQUE DE DERECHOS, MIDEPLAN Y EL TEST DE LAS RECOMENDACIONES DE ONU

En términos de marcos de políticas públicas, implementar estas recomendaciones de derechos humanos no debiera ser cognitivamente complejo para los responsables de las políticas indígenas en Chile. Cabe tener presente que MIDEPLAN ha establecido el “enfoque de derechos humanos” promovido por Naciones Unidas como directriz principal para el diseño de las políticas públicas a su cargo. Es lo que el Gobierno de Michelle Bachelet ha denominado “políticas públicas basadas en derechos”. Tal enfoque, además, encuentra fundamento en el articulo 5, inciso segundo, de la Constitución.

El enfoque de derechos consiste en establecer un vínculo explicito entre las políticas públicas y los estándares de derechos humanos, reconociendo a los ciudadanos como titulares de derechos exigibles, y elaborando las políticas estatales para garantizar tales derechos. Para este enfoque, las normas, estándares y principios del sistema de derecho internacional de derechos humanos, pasan a ser el criterio y fundamento de los planes, políticas y procesos de las políticas públicas. La calidad del diseño, implementación y la gestión de dichas políticas, basadas en derechos, se mide por el grado de cumplimiento de las cuatro obligaciones: respeto, protección, garantía y promoción de los derechos.

En palabras de Víctor Abramovich [i] “El enfoque basado en derechos considera que el primer paso para otorgar poder a los sectores excluidos es reconocer que ellos son titulares de derechos que obligan al Estado. Al introducir este concepto se procura cambiar la lógica de los procesos de elaboración de políticas, para que el punto de partida no sea la existencia de personas con necesidades que deben ser asistidas, sino sujetos con derecho a demandar determinadas prestaciones y conductas.”[/i]

En síntesis, un enfoque de derechos parte porque los indígenas sean considerados como ciudadanos titulares de derechos, y no como clientelas de beneficiarios; sus reclamaciones sean tratadas no como “demandas” de beneficios, sino como exigencias de cumplimiento de obligaciones del estado respecto a derechos. Un enfoque de derechos en materia indígena fija al estado, un conjunto mínimo de políticas públicas a implementar correspondientes a los derechos de los pueblos indígenas, y la gestión de dichas las políticas se mide por el grado de cumplimiento de las obligaciones de respeto, protección, garantía y promoción.

LAS RECOMENDACIONES DE ONU COMO AGENDA MÍNIMA DEL 2007

Las recomendaciones de los Comités de Naciones Unidas constituyen, entonces, una valiosa oportunidad de poner a prueba la seriedad del enfoque de derechos que implementa MIDEPLAN. Al mismo tiempo, las recomendaciones de los Comités establecen una buena coincidencia en un listado de tareas compartido, y con un plazo. Para el Estado las recomendaciones son obligaciones a cumplir, para los pueblos indígenas son derechos a exigir.

En marzo de 2008 el estado deberá informar ante el Comité de Derechos Humanos qué ha hecho para cumplir con sus recomendaciones. El asunto no es esperar que el Gobierno cumpla por si sólo las recomendaciones. No lo hará si no hay control ciudadano. El plazo de un año presta un generoso refuerzo a las posiciones de los pueblos indígenas para empujar los cambios, en nombre de sus derechos.

Una medida básica para vigilar y contribuir al cumplimiento de las recomendaciones de derecho internacional es establecer un mecanismo bipartito estado-pueblos indígenas, que a lo largo del año haga seguimiento a las medidas de cumplimiento. Otra medida básica es abrir el debate sobre cada una de las recomendaciones. Finalmente cabe recordar la expresiva frase de la Presidenta de la República: [i] “Un estado que no es capaz de garantizar derechos es un estado de derecha”[/i]. ¿Cómo se calificaría un estado que no es capaz de garantizar los derechos de los pueblos indígenas? /

Extraído de: Periódico Mapuche "Azkintuwe". Temuco, Chile.
Abril de 2007.

Continúa la represión del pueblo Mapuche en Chile en base a la Ley Antiterrorista. Leer nota.

25.3.07

El rapto de Europa


Por Carlos Fuentes

Visite Europa por primera vez en 1950. Las bombas de la Blitzkrieg habían dejado vastos huecos en el centro de Londres y la bombas de la Real Fuerza Aérea Británica habían devastado la ciudad alemana de Dresden. Viena estaba ocupada por las cuatro potencias victoriosas (los Estados Unidos, la URSS, Gran Bretaña y Francia). Las efigies de Lenin y Stalin cubrían la fachada imperial del Hofburg. De Milán a Nápoles, los niños robaban, pedían limosna y carecían de zapatos.

Medio siglo más tarde, Europa es el principal bloque económico y comercial del mundo. Con 500 millones de habitantes, posee el nivel de educación, comunicaciones y bienestar general más alto del orbe. Con un ingreso medio per cápita de 29.000 dólares anuales.

El dolor de la posguerra ha desaparecido. Hoy Europa, en términos generales, respira satisfacción. El continente es un gran éxito histórico. Cuando Jean Monet y Robert Schumann se unieron a Konrad Adenauer, en 1950, para plantar las semillas de la Comunidad Europea, un propósito era dominante: que no volviese a haber una guerra entre Francia y Alemania. Que las catástrofes de 1870, 1914 y 1939 no se repitiesen jamás.

Construida sobre el eje pacífico de la cooperación franco-germana, Europa es hoy, en gran medida, un hecho que sus habitantes dan por asegurado. Sin embargo, la voluntad histórica que llevó a la creación de la Comunidad Económica Europea, precisamente porque tuvo éxito, tiende a ser olvidada. Por una parte, toda una juventud europea no piensa dos veces en el pasado. El presente le es grato y le es cómodo. No hay fronteras cerradas, la cultura popular no requiere pasaporte, el pasado no regresará, la historia es el olvido.

La complacencia que se nota en vastos sectores de la población europea puede resultar gratificante a la luz de un pasado violento. Pero no autoriza a soslayar la nueva problemática que el siglo XXI les impone a lo europeos, dentro y fuera de sus fronteras.

Hace medio siglo, los trabajadores españoles e italianos emigraban a Francia, Inglaterra y Alemania. Eran necesarios pero sospechosos. Hoy, España e Italia reciben migración masiva del Africa subsahariana y del Maghreb: 200 millones de migrantes. En Alemania, viven y trabajan siete millones de turcos. La presencia del trabajador migratorio suscita y resucita viejos prejuicios nacionalistas y racistas, poniendo en peligro una de las grandes conquistas de la posguerra, que ha sido ejercer influencia política y económica sin banderas nacionalistas.

La migración es consecuencia inevitable de la globalización. Si se globalizan las finanzas y el comercio, también se globalizará el trabajo. Este es ya un hecho internacional, por más que nos empeñemos en tratarlo cono asunto bilateral. La migración propone, en primer lugar, programas de cooperación activa entre países de expulsión y países de recepción a fin de que aquéllos generen trabajo que retenga a su mano de obra y éstos establezcan claras reglas que discriminalicen a la migración, la protejan y la integren a la economía europea. Las excepciones criminales deben ser la excepción, no la regla.

El continuado bienestar europeo depende, asimismo, de que los focos de inestabilidad sean objeto de atención política y diplomática oportuna. La salud internacional de Europa depende de que la política mundial se encauce mediante negociación y previsión y no, fatalmente, con actos de ataque preventivo que conducen al fracaso, como en Irak. Valgan las palabras del primer ministro francés, Dominique de Villepin, como guía de la acción: "Sólo el consenso y el respeto a la ley dan legitimidad a la fuerza y fuerza a la legitimidad".

Ello requiere, en las palabras de otro gran estadista europeo contemporáneo, Mássimo D Alema, vicepresidente y canciller de Italia,"un orden, instituciones y un cuadro de normas" a fin de que la interdependencia y la cooperación internacional sean los principios de la mundialización. De suerte que no es menor la importancia de Europa como factor activo y moderador de una situación internacional tan peligrosa como el abandono de toda regla a favor de una ciega y catastrófica soberbia unilateralista.

Pero Europa no sólo tiene problemas y obligaciones externas. La comunidad original de seis Estados pronto se extenderá a veintisiete naciones, muchas de ellas con niveles socioeconómicos inferiores a los del occidente europeo.

Acelerar el desarrollo del centro y el sur de Europa no será sencillo. La cortina de hierro sólo disfrazaba una casa de cartón. La inversión para el desarrollo de la Europa central y los Balcanes será tan grande como los obstáculos políticos y culturales, amén del doble movimiento de empresas occidentales en busca de mano de obra barata más allá del Danubio y de trabajadores del Este en busca de trabajo en Occidente. Y todo esto, a las puertas de una Rusia de voluntad política renovada, poder petrolero y un tradicional sentimiento de estar siendo sitiada. De nuevo, la política y la diplomacia europeas deben buscar acomodos inteligentes con Moscú.

"Europa no tiene número de teléfono", dijo famosa y cínicamente Henry Kissinger. Pero la historia europea tiene muchos números y el éxito de hoy no debe olvidar ni los nuevos desafíos ni los viejos obstáculos. Desde que Winston Churchill predijo acertadamente, en Zurich (1945), que la amistad de Francia y Alemania era el corazón de la unidad europea, el Reino Unido se ha dividido entre ser padrino, socio o antagonista de Europa -"el continente", como le dicen los británicos- en beneficio de la alianza atlántica con Washington. La catastrófica guerra de Irak quizá condicione al siguiente gobierno de Londres a acercarse más a Europa y aceptar el desafío de lo que formula Hugh Thomas: "unirnos activamente a Europa... o permanecer aislados, sin gloria y con ruina".

El propio Thomas describe a François Mitterrand como "el último gran estadista literario de Europa", que logró desmantelar al comunismo y disminuir el nacionalismo gaullista, abriendo una etapa intensa de colaboración franco germana. La elección de abril, en Francia, pondrá a prueba las activas orientaciones galas: el centralismo, el europeísmo, el internacionalismo. Y Alemania deberá proseguir su política de influencia sin nacionalismo, acorde con el desiderátum de Thomas Mann de "una Alemania europea, no una Europa alemana".

México y la América latina, por último, están obligados, por elementales razones de salud, a diversificar sus relaciones exteriores más allá del continente americano. Vivimos con un gigante herido que acaso se dispare a una catastrófica furia hacia delante, arrastrándonos a un despeñadero. Europa aparece, más que nunca, como factor de equilibrio y de salud internacional.

Y nosotros, los iberoamericanos, con tan hondas raíces en España y Portugal, ¿no somos lo más semejante a Europa fuera de Europa? No permitamos que Europa nos sea raptada.



Texto de la Declaración de Berlin
, 2007.

"Durante siglos Europa ha sido una idea, una esperanza de paz y entendimiento. Esta esperanza se ha hecho realidad. La unificación europea nos ha procurado paz y bienestar, ha cimentado nuestra comunidad y superado nuestras contradicciones. Cada miembro ha contribuido a unificar Europa y a fortalecer la democracia y el Estado de derecho. Gracias al ansia de libertad de las gentes de Europa Central y Oriental, hoy se ha superado definitivamente la división artificial de Europa. Con la unificación europea hemos demostrado haber aprendido la lección de las confrontaciones sangrientas y de una historia llena de sufrimiento. Hoy vivimos juntos, de una manera que nunca fue posible en el pasado. Los ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea, para fortuna nuestra, estamos unidos.

I - En la Unión Europea estamos haciendo realidad nuestros ideales comunes: para nosotros el ser humano es el centro de todas las cosas. Su dignidad es sagrada. Sus derechos son inalienables. Mujeres y hombres tienen los mismos derechos.
Nos esforzamos por alcanzar la paz y la libertad, la democracia y el Estado de derecho, el respeto mutuo y la responsabilidad recíproca, el bienestar y la seguridad, la tolerancia y la participación, la justicia y la solidaridad. En la Unión Europea vivimos y actuamos juntos de manera singular, y esto se manifiesta en la convivencia democrática entre los Estados miembros y las instituciones europeas. La Unión Europea se funda en la igualdad de derechos y la convivencia solidaria. Así hacemos posible un equilibrio justo entre los intereses de los distintos Estados miembros. En la Unión Europea preservamos la identidad de los Estados miembros y la diversidad de sus tradiciones. Valoramos como una riqueza nuestras fronteras abiertas y la viva diversidad de nuestras lenguas, culturas y regiones. Hay muchas metas que no podemos alcanzar solos, pero sí juntos. Las tareas se reparten entre la Unión Europea, los Estados miembros, sus regiones y sus municipios.

II - Nos enfrentamos a grandes desafíos que no se detienen en las fronteras nacionales. La Unión Europea es nuestra respuesta a ellos. Sólo unidos podemos preservar en el futuro nuestro ideal europeo de sociedad, en beneficio de todos los ciudadanos y las ciudadanas de la Unión Europea. Este modelo europeo aúna el éxito económico y la responsabilidad social. El mercado común y el euro nos hacen más fuertes. Con ellos podemos amoldar a nuestro sistema de valores la creciente interdependencia económica mundial y la cada vez más intensa competencia que reina en los mercados internacionales. La riqueza de Europa se basa en el conocimiento y las capacidades de sus gentes; ésta es la clave del crecimiento, el empleo y la cohesión social.
Vamos a luchar juntos contra el terrorismo, la delincuencia organizada y la inmigración ilegal. Y lo haremos defendiendo las libertades y los derechos ciudadanos incluso en el combate contra sus enemigos. Nunca más debe dejarse una puerta abierta al racismo y a la xenofobia. Defendemos que los conflictos del mundo se resuelvan de forma pacífica y que los seres humanos no sean víctimas de la guerra, el terrorismo y la violencia. La Unión Europea quiere promover en el mundo la libertad y el desarrollo. Queremos hacer retroceder la pobreza, el hambre y las enfermedades. Para ello vamos a seguir ejerciendo nuestro liderazgo. Queremos llevar juntos la iniciativa en política energética y protección del clima, aportando nuestra contribución para contrarrestar la amenaza mundial del cambio climático.

III - La Unión Europea se nutrirá también en el futuro de su apertura y de la voluntad de sus Estados miembros de consolidar, juntos y acompasadamente, el desarrollo interno de la Unión Europea. Esta seguirá promoviendo también la democracia, la estabilidad, y el bienestar allende sus fronteras. Con la unificación europea se ha hecho realidad un sueño de generaciones anteriores. Nuestra historia nos reclama que preservemos esta ventura para las generaciones venideras. Para ello debemos seguir adaptando la estructura política de Europa a la evolución de los tiempos. Henos aquí, por tanto, cincuenta años después de la firma de los Tratados de Roma, unidos en el empeño de dotar a la Unión Europea de fundamentos comunes renovados de aquí a las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. Porque sabemos que Europa es nuestro futuro común."

10.3.07

La España postfranquista y los sucesos de 1976

El pasado 9 de marzo de 2007 se estrenó en las pantallas de cine "La revolta permanent". La ópera prima de Lluís Danés muestra una verdad que durante más de 30 años el Gobierno español ha obviado. Se trata de los sangrientos acontecimientos de Gasteiz que el 3 de marzo de 1976 se cobraron cinco muertes a manos de la Policía. La película tiene música del cantautor catalán Lluis Llach.





5 MUERTOS Y MÁS DE 100 HERIDOS DE BALA FUERON EL RESULTADO DE LA CRIMINAL REPRESIÓN DEL FRANQUISMO Y DE FRAGA IRIBARNE.

Los Sucesos de Vitoria se refieren a los acontecimientos ocurridos el 3 de marzo de 1976 en la ciudad alavesa de Vitoria, en el País Vasco, durante la Transición Española y en los cuales el enfrentamiento de la Policía Armada con trabajadores refugiados en la Iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio de Zaramaga, durante unas jornadas de huelga resultó en la muerte de muerte de 5 de ellos y causó heridas de bala a un total de 150.
Manuel Fraga Iribarne, en una imagen como presidente de la Xunta de Galicia, era el ministro responsable de la fuerzas del orden durante los Sucesos de Vitoria de 1976.

9.3.07

El otoño del patriarca, por Diego Barovero




Cumple ochenta años Raúl Ricardo Alfonsín. Una cifra redonda de esas que suelen ser celebradas con mayor pompa y que también actúan como disparador de homenajes y hagiografías, como si los anteriores setenta y nueve tuvieran menos importancia.

Ello no obstante, no es posible sustraerse a la tentación de ensayar unas líneas acerca de la significación de la personalidad de este singular abogado de Chascomús, radical visceral que recorrió todo el cursus honorum de la vida partidaria y también en materia de cargos de representación pública, desde concejal en su ciudad natal, hasta la presidencia de la República.

Observadores y analistas, correligionarios y adversarios políticos aún se preguntan y suelen efectuar disquisiciones respecto de la permanente vigencia de este “zoon politikon”. Incluso cómo, luego de aquél accidente a la vera de una ruta en las cercanías de un casi desconocido paraje que casi le cuesta la vida y del que emergió gracias a una recuperación milagrosa, ha sido posible que la misma gente que en su momento lo repudió y no le perdonó la traumática situación de crisis – en rigor de verdad, no imputable en forma exclusiva a su administración - en que debió transmitir el mando a su sucesor, haya vivido con angustia las circunstancias de aquél siniestro y haya expresado su júbilo al saberse que el viejo líder estaba fuera de peligro.

Quizá la cuestión radique en reducir a esquemas puramente racionales aquello que tiene más que ver con lo emocional, con el ida y vuelta, con la química que se produce entre un líder y su pueblo. Porque Alfonsín desde aquellos días de 1983 en que desde los afiches y en sus apariciones públicas saludaba con ambas manos unidas en gesto más que de triunfador deportivo en abrazo fraterno y abarcador, estableció con los argentinos una relación de comunicación propia de lo que se denomina carisma. Tras su paso por el gobierno de la República, con sus errores y sus aciertos – gestión de la que debemos estar más que orgullosos sus correligionarios, aún no compartiendo algunos aspectos puntuales - amado por sus más fieles seguidores y rechazado por sus más enconados adversarios, Alfonsín conserva sin embargo esa virtud comunicativa y carismática con la sociedad. Es que irradia esa simpatía campechana propia de los políticos de raza, que tanto escasean por estos tiempos, ese aire patriarcal y paternal que él mismo ha cultivado y aún cultiva hacia su pueblo, sentimiento sin duda unido a la circunstancia de que se lo siente un poco el padre de ese renacimiento de las esperanzas que significó el retorno de las instituciones democráticas que en el imaginario colectivo permanecerá por siempre unido a su figura.

Raúl Alfonsín, mucho más a partir del delicado trance en que estuvo en juego su propia vida, aparece ante todos los argentinos, aún frente aquellos que no comulgan con sus ideas, que no practican su mismo credo cívico, como un hombre de bien, un líder decente. Es que se lo ve como el último de los políticos de antes, como esos políticos de poncho o chalina al hombro, de gesto romántico y verba encendida, franco en la expresión, llano en el decir. Casi una curiosidad en estos tiempos en que abundan los “gerentes públicos”, los “referentes”, los “operadores”, los “estrategos”, los “candidatos mediáticos”, ropajes y denominaciones bajo los que se ocultan prestidigitadores, charlatanes, demagogos, tartufos, cholulos y mercachifles.

Raúl Alfonsín conserva la virtud de haber actuado honesta y decentemente, como un hombre absolutamente fiel a sus ideas. Alguien que supo hacer el enorme sacrificio dar un paso al costado en el momento oportuno, perdiendo la posibilidad de volver a ser votado (Él mismo ha bromeado: “Me quieren, pero no me votan”) pero ganándose el respeto unánime de una sociedad que lo constituyó en patriarca y modelo.

Finalmente, valga una anécdota absolutamente personal que sirve para ilustrar en parte el porqué del halo casi mítico que rodea su figura.

La afición por indagar en los recovecos de nuestra historia me ha brindado la hermosa oportunidad de trabar una agradable amistad con don Miguel Unamuno, director del Archivo General de la Nación, veterano de las lides políticas, devoto yrigoyenista y peronista histórico y sanguíneo. Tuvo una dilatada actuación en el mundo gremial bancario en el que fogueó su militancia resistente convirtiéndose en el jefe del peronismo porteño con el arribo del peronismo al poder en 1973, llegando a presidir la Sala de Representantes (Así se llamaba entonces el Concejo Deliberante) y a ser Ministro de Trabajo de Isabel Perón. Aquello le valió persecución y cárcel en la dictadura militar y con el retorno democrático de 1983, fue elegido diputado nacional por la Capital Federal, debiendo por ello cumplir el rol de oposición a la presidencia de Alfonsín.

Una afección pulmonar y otras nanas de los años le dan un falso aire de fragilidad que es rápidamente disipado cuando se advierte su pícara mirada y su socarrona voz de porteño piola, avezado en las fintas de la política vernácula y por ello, poco propenso a regalar elogios, ni a amigos y ni a adversarios.

Saliendo juntos del edificio que guarda gran parte de nuestra memoria nacional y que dirige casi de modo vitalicio (desde hace casi diez años con singular destreza y habilidad) y luego de haber comentado avatares de la vida radical pasada y presente, antes de despedirse y con gesto confidente, me miró y me dijo: “Ah Barovero, que se dejen de joder los radicales con Alfonsín...¡A fin de cuentas, fue el único que nos hizo morder el polvo a los peronistas!”.

Tal vez allí radique también parte de la leyenda del hombre que celebra en estos días ocho décadas de vida, muchas de las cuales lleva gastadas al servicio honrado de las mejores causas nacionales y democráticas.


Dr. Diego Barovero





El día 2 de abril de 1968, se realizo un acto relámpago en la esquina de 7 y 50 de la Ciudad de La Plata, en el mismo munido de un megáfono conectado a la batería de un coche, el Ex Diputado Raúl Alfonsin pronuncio un vibrante discurso atacando a la dictadura militar de Ongania ante mas de un centenar de simpatizantes. Como consecuencia del mismo, antes de llegar de regreso a Chascomus fue detenido en la Seccional Primera de La Plata. Se dice que en esa Seccional su hija Mara conoció a su futuro esposo, el hijo de Alconada Aramburú, por lo que bromeaba” las cosas que hay que hacer para conseguirle candidato a las chicas”

Años antes el 17 de noviembre de 1966, a pocos meses de la caída de Illia Raúl Alfonsín es detenido, luego de haber forzado la reapertura del Comité de la Provincia de Buenos Aires – sito en Moreno 2480 de la Capital Federal.

Cuenta el ex diputado nacional Victorio Bisciotti en un libro de anécdotas junto a Raúl Alfonsin, que Chiche Canata lo había contactado con un candidato a Intendente de una localidad correntina, “La Cruz” distante a 100 Km. de Paso de Los Libres, allá por los noventa.

Fagundez, así se llamaba el candidato a Intendente, fue objeto de la visita de Raúl Alfonsin durante su campaña, en un día de un terrible tormenta, con una verdadera travesía aérea, con caminos intransitables, en medio del temporal, del frió y del barro, allí estaba dándole a una mano a Carlos Fagundez quien tiempo después gano la elección.

Tiempo después Raúl Alfonsin, el día 17 de junio de 1999, sufrió un terrible accidente automovilístico, que lo puso al borde de la muerte, iba a la lejana localidad de Ingeniero Jacobacci en el oeste de Rio Negro, a hablar en un acto. Estuvo en el Hospital Italiano entre la vida y la muerte, con el apoyo y los rezos de muchos argentinos recuperándose de 9 costillas rotas y lesiones en el pulmón.

Raúl Alfonsin se dio el lujo de reaparecer meses después en un vibrante acto en la cancha de Estudiante de La Plata.

Quizás se escribirán en estos dias líneas y líneas reivindicando su liderazgo democrático, su gestión presidencial, sus dotes de estadista, estas humildes líneas prefieren destacar al verdadero político, al apasionado dirigente, al que como nuestros mejores próceres trajino y trajina los parajes más recónditos de la patria llevando el mensaje de la Unión Cívica Radical.


FELIZ 80 AÑOS y gracias RAUL ALFONSIN, el gallego, el viejo, el mas grande.

Dr. Gustavo Aramburu

5.3.07



Un día vi pasar a la muerte
no iba a caballo
chillaba como las golondrinas alrededor de Santa María Maggiore.
Es triste una muerte así
lo digo en serio y por las duda que alguien no sepa que una muerte así es triste.
Esa muerte chillaba como un condenado
no la favorecían el bello estío, las fuentes, las mujeres que ella dejaba transitar
como calor, fuego o piedad.
La muerte esa no valía un centavo en ningún lugar del mundo.
Por empezar no era necesaria,
no tenía aventura ni coraje,
no cantaba,
no era capaz de hacer cantar,
no usaba medias azules.
Sus ojos chillaban como golondrinas cortando la tarde alrededor de Santa Mará Maggiore.
Lo digo yo que la vi.
Daba lástima o pena esa muerte a cocheros caballos suaves en la mitad del día.
Muerte sin gusto,
sola,
infeliz,
muerte vieja,
sin volar,
sin hilo en los piecitos,
chillando en la mitad de la plaza. Cuando terminó de pasar tuve miedo,
no quiero ver nunca más a esa muerte,
de todo corazón no quiero verla nunca más,
especialmente el día de mi muerte.

Juan Gelman.


Ilustración de Carlos Gorriarena, www.losderechoshumanos.com.ar/gorri.htm

17.2.07

Mario Abel Amaya

RECUERDO DE MARIO ABEL AMAYA

por Hipólito SOLARI YRIGOYEN

Hace treinta años la dictadura militar asesinó a Mario Abel Amaya mientras se encontraba en prisión. Era entonces un joven dirigente de la Unión Cívica Radical de Chubut, que había ejercido su mandato de diputado nacional hasta el golpe de Estado de ese año. Nadie lo había acusado de nada, ni tenía proceso de ninguna especie, ni se le reconoció derecho alguno de defensa y, tal como ocurría entonces, previamente había sido secuestrado para pasar a ser un desaparecido, luego sería reconocido como detenido y, finalmente, sometido al perverso trato de preso "de máxima peligrosidad", impuesto por decreto por el gobierno de la señora Isabel Martínez de Perón. La cronología y el itinerario de lo sucedido a Amaya comienzan el 17 de agosto, Día del Libertador, cuando en la madrugada se realiza su detención en Trelew (mi secuestro lo efectuaba al mismo tiempo el Ejército, en mi domicilio de Puerto Madryn). Luego se efectuarían los traslados en avión a la Base Aeronaval de Bahía Blanca, y de ahí al centro de tormentos y ejecuciones que funcionaba en el Regimiento 181 de Comunicaciones de la misma ciudad, conocido con el nombre de " la Escuelita ", donde él y yo revistamos como desaparecidos.

El 31 de agosto se realizó el traslado, también clandestino, hasta las afueras de Viedma, donde en una farsa se simuló un tiroteo con la Policía Federal , para hacer creer que quienes nos traían eran "sediciosos". Se nos arrojó con violencia del vehículo en que veníamos atados, amordazados y encapuchados, a una zanja lateral al camino, y en seguida nos detuvo la policía, mientras huían quienes nos habían transportado. Al día siguiente, se nos condujo detenidos en avión desde Viedma hasta la Base de Bahía Blanca y de ahí hasta la cárcel de Villa Floresta. El 11 de septiembre, se ordenó nuestro traslado y el de otros detenidos hasta la cárcel de Rawson. Tras descender el avión en la Base Aeronaval de Trelew, todos recibimos un castigo feroz que se prolongó durante muchas horas de ese día y en los siguientes en la prisión de la que era director el prefecto Osvaldo Fano y estaba bajo el control del militar Barbot. Ese trato cruel, inhumano y degradante fue la consecuencia directa de la muerte de los dos del grupo con salud más precaria: Mario Amaya, que era asmático, y Jorge Valemberg, ex presidente del Concejo Deliberante de Bahía Blanca, una honorable persona mayor integrante del justicialismo. No sólo ninguno de ellos recibió atención médica, sino que a Amaya se le retiraron el inhalador y sus medicamentos. Si bien estábamos todos incomunicados en el Pabellón 8 de Rawson, con la intención de que no trascendieran al exterior los tormentos recibidos, tuve ocasión de ver a Amaya por última vez en el baño, tenía la cabeza partida, estaba morado por los golpes y hablaba con dificultad. Alcanzó a decirme: "Estoy muy mal".

Amaya, desahuciado por los médicos, fue trasladado al hospital de la cárcel de Villa Devoto. Su madre, que fue autorizada a verlo, pasó frente a su cama del hospital sin reconocerlo por el estado en que se encontraba como consecuencia de los sufrimientos que se le habían infligido. Amaya falleció el 19 de octubre de 1976. Tenía 41 años. La represión a Amaya, que culminó con su asesinato, no fue un caso aislado. Fue similar a la que sufrieron miles de ciudadanos de distintos pensamientos políticos, ajenos a las prácticas de la violencia, pero cuyas actividades perfectamente legales y sus pensamientos progresistas molestaban al régimen. Mario Abel Amaya era radical, como lo eran Felipe Rodríguez Araya, de Rosario; Angel Pisarello, de Tucumán; Sergio Karakachoff, de La Plata , y no agoto con estas menciones que pongo como ejemplo la lista de quienes en nuestra fuerza cívica cayeron para siempre como víctimas de la represión ideológica, sin contar los que sufrieron otras formas de persecuciones y sin dejar de reconocer que hubo corrientes políticas más afectadas que la nuestra. Amaya había nacido en Dolavon, Chubut, el 3 de agosto de 1935. Sus padres provenían de la provincia de San Luis, de donde eran también sus familias. Su progenitor se había trasladado a la Patagonia para ejercer la docencia. Mario Abel se educó en Trelew hasta terminar el colegio secundario y luego se instaló en Córdoba, donde cursó sus estudios de Derecho, militó en el Reformismo y se graduó de abogado. Regresó a Chubut y se dedicó al ejercicio de su profesión y a la enseñanza en el Colegio Nacional de Trelew. Se enroló en las filas de la Unión Cívica Radical desde su época de estudiante y, al radicarse en su provincia, adhirió desde su formación al Movimiento de Renovación y Cambio, liderado por Raúl Alfonsín. Hombre inteligente y solidario, Amaya se vinculó con la defensa de los presos políticos que fueron enviados a Rawson en los regímenes que gobernaron desde 1966 a 1973. Fue apoderado del líder sindical Agustín Tosco, del que fui su abogado defensor. Cuando, después de su liberación, Tosco regresó a Córdoba, el 25 de septiembre de 1972, nos invitó a Amaya y a mí para que lo acompañáramos en el avión y participáramos en el acto multitudinario de recepción en Redes Cordobesas. Las defensas de presos políticos fueron, por esos años, un apostolado de riesgoso ejercicio. Las listas de víctimas, seguramente incompletas, recuerdan que hubo 27 abogados asesinados, 109 presos, más de 200 exiliados, en el ciclo de años crueles que se clausuraría el 10 de diciembre de 1983, al reintegrarse el país a la democracia.

El gobierno militar de 1972 puso a Amaya, por decreto, a disposición del Poder Ejecutivo, cuando se produjo la evasión de la cárcel de Rawson, el 22 de agosto de ese año. Nada tuvo que ver Amaya en ese episodio, pero se aprovechó su presencia en el aeropuerto de Trelew, desde donde los fugitivos partieron en un avión secuestrado, para castigar su lucha antidictatorial. El se encontraba ahí para entregar a una dirigente del gremio docente, en el que militaba y al que asesoraba, unos papeles que aquélla debía llevar a Buenos Aires. Amaya fue trasladado a la cárcel de Villa Devoto y me designó entonces su abogado. Al cabo de tres meses fue liberado por la enorme presión que se ejerció por él y otros detenidos en forma arbitraria, desde la Asamblea Popular de Trelew, que se reunió en forma continuada durante varias jornadas en el Teatro Español de esa ciudad. Durante el período de su prisión, sus amigos habíamos proclamado su precandidatura a diputado nacional. Después de triunfar en la convocatoria partidaria, nuestra lista, en la que yo iba de candidato a senador, fue elegida en los comicios generales de marzo y nos incorporamos a nuestras respectivas cámaras el 25 de mayo de 1973. Como diputado se distinguió por la defensa de las causas populares, de las libertades públicas y los derechos humanos.Figuraba ya en las listas negras de la intolerancia, que los propios servicios de informaciones y sus grupos terroristas anexos, como la Triple A , hacían públicas con fines de intimidación. Amaya fue velado en Buenos Aires, en el barrio de Mataderos, porque la dictadura no permitió que se lo hiciera en la Casa Radical ni en otro lugar del centro de la ciudad. Después fue trasladado y enterrado en Trelew en medio de un clima represivo, donde lo despidieron Raúl Alfonsín y Carlos Fonte, su colega en la Cámara de Diputados. Fue un demócrata cabal. Mario Abel Amaya fue un mártir de sus ideales democráticos y se erige como un ejemplo para las nuevas generaciones.

11.2.07

La bomba política

Por JUAN GELMAN


La puso nada menos que Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter y ex copresidente del grupo que aconsejaba a Bush padre en la materia, en la audiencia pública del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense que tuvo lugar el 1o de febrero pasado: “Es una calamidad histórica, estratégica y moral”, dijo de la guerra en Irak (www.wsws.org, 4-2-07). Recuérdese que Z. B. fue el impulsor de la ayuda norteamericana a los talibanes cuando éstos eran oposición del gobierno afgano pro URSS y provocó así la invasión soviética de ese desventurado país. Cumplió hazañas mayores. Nacido en Varsovia en 1928, Brzezinski diseñó hace ya diez años la estrategia que W. Bush intenta aplicar en Medio Oriente: el control de la producción energética de la región y el dominio imperial del mundo. Brzezinski lo estableció con todas las letras en su libro The Grand Chessboard - American Primacy and it’s Strategic Imperatives (Basic Books, Nueva York 1997). Ahora no está conforme.

“Con base en presunciones falsas –prosiguió–, (la guerra) está socavando la legitimidad mundial de EE.UU. Las muertes colaterales de civiles y ciertos abusos empañan sus credenciales morales. Impulsada por principios maniqueos y una desmesura imperial, está intensificando la inestabilidad regional.” Estas declaraciones no podían caer en peor momento para la Casa Blanca. Pese a que la mayoría de la opinión pública estadounidense quiere el regreso de las tropas, W. Bush ha comenzado a enviar más efectivos al país invadido y ocupado y propone un presupuesto militar de 623.000 millones de dólares para el ejercicio 2007/08, el más grande jamás aprobado desde la Segunda Guerra Mundial. Un pequeño detalle: no se asiste, al menos todavía, al desarrollo de una guerra mundial.

Brzezinski no se detuvo ahí y señaló la intención de Washington de atacar a Irán: “Argumentar que EE.UU. ya está en guerra en la región contra una amenaza islámica más amplia, con epicentro en Irán, es promover una autoprofecía”. Esto empezó así: el 31 de enero de este año se cerró el cuatrimestre más mortífero de toda la guerra para los ocupantes estadounidenses, les derribaron seis helicópteros en dos semanas y abundan entonces las declaraciones de militares anónimos que atribuyen esos hechos a la tecnología moderna que Teherán estaría proporcionado a los insurgentes. No parece creíble que el gobierno chiíta iraní esté ayudando a la resistencia sunnita, para no hablar de la prolongada guerra que Saddam Hussein llevó contra Irán (1980/88) con la asistencia militar de EE.UU. Ocurre que los estrategas de la Casa Blanca han olvidado una vieja lección: sólo la infantería garantiza la ocupación de un país, los bombardeos de la fuerza aérea no bastan ni aun hoy, y las tropas estadounidenses han comenzado a sumergirse en una guerra urbana. Sus bajas aumentan y no harán más que aumentar en el futuro.

Z. B. fue más lejos todavía en la audiencia senatorial. Describió “un escenario plausible para un choque militar con Irán: bastaría que el gobierno iraquí no cumpliera sus metas, a lo que seguirían acusaciones de la responsabilidad iraní en tal fracaso, luego alguna provocación en Irak o un acto terrorista en EE.UU. del que se culparía a Irán, y esto culminaría con una acción militar norteamericana ‘defensiva’ contra Irán que hundiría a un EE.UU. solitario en una pesadilla cada vez más grande y profunda, eventualmente en Irak, Irán, Afganistán y Pakistán”. Es la primera vez que un connotado miembro del establishment estadounidense sugiere la posibilidad de un autoatentado en territorio de EE.UU. para justificar una guerra contra Irán, casus belli que se ha frecuentado bastante a lo largo de la Historia.

Zbigniew Brzezinski tiene décadas de experiencia en el manejo de la política exterior de EE.UU. y mantiene relaciones estrechas con los mandos militares y los servicios de Inteligencia, pero su advertencia acerca de un posible autoatentado no pareció impresionar a los senadores del Comité. Los republicanos no se refirieron al tema y tampoco los demócratas. Z. B. mencionó en la audiencia un artículo publicado en el New York Times (27-3-06) sobre una reunión Bush/Blair dos meses antes de la planeada invasión a Irak. W. estaba preocupado por la posibilidad de que no se encontraran allí armas de destrucción masiva, expresó que era preciso buscar otro motivo para emprender la guerra y describió varias maneras de provocar una confrontación. “No voy a entrar en eso –declaró Brzezinski ante la comisión del Senado–, las propuestas eran bastante sensacionales, al menos una de ellas.” ¿Acaso un autoatentado? ¿Bush se habrá engolosinado con el método terrorista del 11/9 que justificó la guerra contra Irak?

22.1.07

1908 - 2008 Centenario del nacimiento de Salvador Allende



"... Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor."

últimas palabras del Presidente chileno SALVADOR ALLENDE (1973)



(...)
Hasta allí me siguió, como una sombra,
el rostro del que ya no se veía,
y en el oído me susurro la muerte
que ya aparecería.
Allí yo tuve un odio, una vergüenza:
niños mendigos de la madrugada,
y el deseo de cambiar cada cuerda
por un saco de balas.

Eso no está muerto,
no me lo mataron
ni con la distancia
ni con el vil soldado.

Silvio Rodríguez, 1973, Santiago de Chile.




17.1.07

La Ley Oñativia y el Dr. Illia


Por Gustavo Aramburu


Hace hoy 43 años ingresaba al parlamento un proyecto de Ley de Medicamentos - luego Ley Nº 16462 -, inspirada por el ministerio de Salud Pública encabezado por doctor Arturo Oñativia durante la Presidencia de Don Arturo Illia.
La ley por él impulsada garantizaba el acceso de la población a los medicamentos y vale merituar que esto se hizo aún contra las presiones de las multinacionales, cuyos intereses heridos fueron de rol protagónico en el posterior derrocamiento del gobierno de Arturo Illia.

Oñativia no solo es un símbolo en la lucha por el derecho de acceso a la salud por parte de todos los habitantes, sino que su experiencia de medico en su provincia – Salta – hizo que redoblara sus esfuerzos con notable éxito en la lucha contra un mal endémico del NOA el BOCIO.

Bastante lejos la figura de Arturo Oñativia, de aquellos que desde la función ministerial benefician a los clientes de su consultora con leyes de promoción de inversiones que permiten obtener la devolución anticipada del IVA y Ganancias.

Para constatar la certeza de que las empresas que recibieron las devoluciones de impuestos eran asesoradas por la consultora que Lavagna ayudó a desarrollar sólo hace falta ingresar a la página web de ECOLATINA, buscar la nómina de clientes y establecer un paralelo con la lista de compañías que recibieron los beneficios de la ley 25.924. Por ejemplo Aceitera General Deheza, Alpargatas, Basso, Celulosa Argentina, Establecimientos Las Marías y Tenaris.

Es lógico entonces que Macri, quien era un diabolico heredero de los 90 según el decir del radicalismo pro lavagnista termine siendo tolerado y hasta finalmente aceptado por estos en pos de mejores performances electorales. Asi las cosas nos acostamos con Lavagna y nos despertamos con Macri.

En pocos días se cumplirá un nuevo aniversario de la muerte de Don Arturo Illia, seria bueno que muchos dirigentes y militantes concurriéramos al panteón de los caídos del 90 haciendo nuestras esta frase:

“"Venimos a este lugar a encontrarnos con nuestros muertos; con nuestros magníficos muertos, no porque ellos lo necesiten, no porque ellos precisen de nuestros homenajes... venimos aquí porque nosotros los necesitamos. Somos nosotros los que sentimos la imperiosa necesidad de acercarnos a ellos para que nos muestren el derrotero a seguir. Los hombres jóvenes del partido saben que los muertos ya no dan nada, pero también saben que los muertos han dejado consignas y que esas consignas deben hacerse realidad en el país para ventura de la República." Ricardo BALBIN



www.ricardobalbin.com.ar



6.1.07

Christian von Wernich, maldito tu eres


Christian von Wernich

El ex capellán de la Policía bonaerense Christian Von Wernich será llevado a juicio oral, donde se intentará demostrar su participación en delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar, mientras el jefe de esa fuerza era el represor Ramón Camps.

Al religioso se lo acusa de haber sido partícipe en casos de secuestros, torturas, homicidios y la apropiación de un menor, todos delitos cometidos en la brigada de Investigaciones de La Plata, en la comisaría 5ta de Puesto Vasco en Quilmes y el centro clandestino conocido como "Coti Martínez".

Von Wernich está detenido desde septiembre de 2003 por orden del juez Arnaldo Corazza, y permanece alojado en la División Antiterrorista de la Policía Federal.

De acuerdo con lo que se estima, entre marzo y abril próximo, luego de que se realice el sorteo de la Cámara Federal que llevará adelante el proceso, podrían comenzar las audiencias de debate contra el sacerdote.

Con esta decisión de la Justicia, es la primera vez que un miembro de la Iglesia Católica es sometido a juicio por terrorismo de Estado.


"A partir de 1984 adquirió notoriedad, acusado de complicidad con el terrorismo de Estado, el sacerdote de la diócesis de Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, Christian von Wernich. Se encuentra incluido en el informe de la CONADEP y está imputado en dos causas judiciales, que detallaré enseguida y cuyo patrocinio es ejercido por abogados del CELS. Ambas se encuentran demoradas en el consejo supremo de las fuerzas armadas.

Pero más allá de estos procesos, es la personalidad y son las declaraciones y la actuación de von Wernich las que lo han hecho conocer y constituido en una suerte de paradigma de clérigo fascista, identificado con las fuerzas armadas y colaborador de la represión ilegal.

Varios testimonios que inculpan a von Wernich están señalados y parcialmente transcriptos en el libro Nunca más, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Pertenecen a los siguientes legajos: 683, testimonio de Julio Alberto Emmed; 2818, denuncia la desaparición de Cecilia Luján Idiart; 2820, denuncia la desaparición de María del Carmen Morettini; 2852, denuncia la desaparición de María Magdalena Mainer y Pablo Joaquín Mainer; 6982, testimonio de Luis Larralde; 6949, testimonio de Luis Velasco (22).

Me limito a reproducir parte de los últimos por cuanto los anteriores están vinculados con una de las causas judiciales que reseñaré. El 3 de agosto de 1984 prestaron declaración en la embajada argentina en Madrid, ante el diputado nacional Hugo Diógenes Piucill, miembro de la CONADEP, la señora Graciela Fernández Meijide, secretaria de esa comisión, y los consejeros de embajada Carlos Rospide y Gustavo Asis, los ciudadanos Luis Larralde y Luis Velasco. El primero de ellos dijo, entre otras cosas: “Fui detenido con mi esposa María Josefina Roncero en mi domicilio de la calle Billinghurst 2143 5° H, Buenos Aires, el día 5 de julio de 1977, a las 21.15 hs. Nos llevaron a un centro clandestino donde fuimos torturados. Oí cuando torturaban al ex ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires señor Miralles. El padre Christian von Wernich concurría todos los días a la Brigada de Investigaciones y hablaba con los allí detenidos”.

Velasco, por su parte, expresó lo siguiente: “Que el 6 de julio de 1977 a las 24 horas un grupo grande de hombres de civil fuertemente armado, se hizo abrir la puerta del departamento que ocupaba con su madre, en la calle 56 entre 5 y 6 de La Plata. Dijeron pertenecer al ejército argentino. Lo introdujeron en un ciche y lo tiraron al piso y lo vendaron. El 8 de julio lo llevaron de nuevo a ‘la casita’. En esa oportunidad y después de la primera sesión de tortura se acercó un sacerdote, de quien supo después que era Christian von Wernich. Lo volvió a ver varias veces y en una de esas oportunidades el sacerdote le ordenó que se sacara la venda. Como el dicente se negó a hacerlo se la retiró él mismo. Dicho sacerdote dijo que tenía la parroquia en 9 de Julio, Buenos Aires. En una oportunidad oyó cuando Christian von Wernich contestó a un detenido que pedía no morir, que ‘la vida de los hombres depende de Dios y de tu colaboración’ y a él mismo se le dirigió, tocándole los pelos del pecho y diciéndole sonriente ‘te quemaron todos los pelitos’. En otra oportunidad lo escuchó defender y justificar la tortura y reconocer que había presenciado torturas. Cuando el sacerdote von Wernich contaba a los detenidos los operativos usaba el plural, incluyéndose: cuando hicimos tal operativo”.

En el juzgado criminal y correccional número 3 de la ciudad de La Plata, a cargo del doctor Vicente Luis Bretal, secretaría número 8, tramita la causa judicial por la cual Domingo Moncalvillo, padre de una de las víctimas, con el patrocinios de los abogados del CELS, querella por apremios ilegales y privación ilegítima de la libertad calificada, entre ortros, al exjefe de policía de la provincia de Buenos Aires, Juan Ramón Camps, al comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz y al sacerdote Christian Federico von Wernich, que revista como oficial subinspector.

Von Wernich fue designado con ese cargo por Camps, en el año 1976, para desempeñarse como capellán (Mas tarde dirá en un reportaje: “Me ordené en 1976 y como soy de Concordia el general Camps me conocía de chico, ya que él es de Paraná. Por eso y de acuerdo con monseñor Plaza, llegué a ser cura de confianza para muchas cosas en la lucha contra la subversión”).

El proceso tiene su origen en la detención, por distintos procedimientos, de Domingo Héctor Moncalvillo, Guillermo García Cano, Liliana Amalia Galarza, Cecilia Luján Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Joaquín Mainer, María del Carmen Morettini y Susana Salomone.

Los jóvenes estuvieron ilegalmente presos, en condiciones especiales, durante la mayor parte del año 1977, en la dirección general de investigaciones de la policía de la provincia de Buenos Aires, en La Plata. Podían alternar con sus familias y finalmente se les dio a optar por permanecer encarcelados cinco años o salir del país. Lógicamente, prefirieron lo segundo.

En ese lapso los visitaba constantemente el capellán von Wernich, a quienes sus familias recurrían como intermediario. Incluso le entregaron dinero para ir formando un fondo destinado a su sostenimiento en el exterior. El 30 de noviembre de 1977 al concurrir los padres de los detenidos a dicha dependencia, como era habitual, se les informó que ese día habían partido del lugar. Desde entonces no supieron nada de ellos. Von Wernich ha explicado en su declaración ante la cámara federal de apelaciones en lo criminal y correccional de la capital federal, en el juicio a los ex-comandantes en jefe, que participó en una despedida que se les hizo y que a pedido de ellos los acompañó en tres grupos al aeroparque y al puerto de Buenos Aires, desde donde viajaron para Montevideo (23). Pese a esa afirmación, existe la certeza que fueron asesinados al igual que millares de detenidos-desaparecidos, dado que nunca más han dado señales de vida y es imposible que se encuentren en el extranjero sin comunicarse con sus familiares. Las averiguaciones en el Uruguay no dieron resultado alguno, aunque Moncalvillo aparece como ingresado a ese país. Las autoridades policiales insistieron en su posición, sugiriendo que estarían en la clandestinidad. Y von Wernich nunca supo dar una explicación coherente, ni se interesó más por el asunto.

Ante la CONADEP, un ex-agente de la policía de la provincia de Buenos Aires, Julio Alberto Emmed, que actuó como chofer e intervino en operativos, hizo un minucioso relato del cual resulta que los integrantes del grupo fueron transportados en distintos vehículos con el pretexto de sacarlos del país y asesinados en el trayecto de manera brutal. Según Emmed, el presbítero von Wernich presenció, al igual que él, esos hechos. De regreso, el comisario Etchecolatz, felicitó al personal interviniente y “el cura von Wernich –agrega Emmed– me habló de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido. El cura me dijo que lo que habíamos hecho era necesario para bien de la Patria, que era un acto patriótico y que Dios sabía que lo que se estaba haciendo era para bien del país” (24). En cuanto a la constancia de ingreso al Uruguay, Emmed explica que se elaboraron documentos con los nombres de los presos pero con fotografías de personal policial. De tal manera que serían éstos quienes habrían viajado.

Es cierto que Emmed, sin duda amenazado, negó esos detalles en su declaración ante la cámara federal de la causa de los ex-comandantes y anunció que rectificaría la declaración prestada en el mismo sentido ante el juzgado federal en lo criminal número 4 de la capital federal, a cargo de la doctora Amelia Berraz de Vidal (25). Sin embargo todo indica que fue veraz en la primera ocasión, dado que el homicidio es la conclusión racional de la desaparición indefinida de los jóvenes mencionados y no es ésta la única vez en que se utilizaron procedimientos de ese tipo. Recuérdese, como un ejemplo, el caso de Marcelo Dupont.

En su larga declaración ante la cámara federal von Wernich reconoce su vinculación con este grupo de detenidos-desaparecidos y confirma que los acompañó para despedirlos, pero niega conocer su condición. Explica igualmente que conversó en un puesto policial de Don Bosco con Jacobo Timerman y con el ex-ministro Oscar Miralles, a quien encontró muy decaído. Sostiene no haberse enterado que fueron torturados (26).

Otra causa judicial en la cual se encuentra involucrado von Wernich es la caratulada “Lorusso Arturo Andrés s/denuncia privación ilegítima de libertad”. Tramitó ante el juzgado en lo criminal y correccional federal de la capital federal número 4, a cargo de la doctora Amelia Berraz de Vidal, secretaría número 12, hasta que ésta se declaró incompetente y el expediente pasó al consejo supremo de las fuerzas armadas. En ella intervengo, junto con los padres de otras víctimas, como parte querellante, con el patrocinio de abogados del CELS.

El proceso se origina a causa de la detención, en la madrugada del 14 de mayo de 1976, por agentes de las fuerzas armadas, de Beatriz Carbonell de Pérez Weiss, César Amadeo Lugones, María Esther Lorusso Lammle, Horacio Pérez Weiss, Mónica María Candelaria Mignone, Mónica Quinteiro y María Marta Vásquez Ocampo de Lugones. Ninguno de ellos apareció. Por distintos elementos de juicio, que sería largo explicar, existe la certeza que se los trasladó a la Escuela Mecánica de la Armada, donde sin duda fueron torturados y asesinados. Este grupo de jóvenes se encontraba ligado entre sí por la abnegada labor de promoción humana, social, política y religiosa que llevaron a cabo en la villa de emergencia del Bajo Flores y en zonas aisladas de la Patagonia. Esta fue también la razón de su eliminación.

Un hermano de César Lugones, de nombre Eugenio, mantenía una estrecha amistad con el presbítero von Wernich. De tal manera que producido el episodio fue la primera persona a quien recurrió en busca de ayuda. Conocía, por cierto, su ideología, su identificación con las fuerzas armadas, su condición de capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires y su amistad con Camps. Sabía que era cuñado del coronel Morelli, que ocupó la jefatura de la superintendencia de seguridad de la policía federal. Esperaba por ello que le proporcionase alguna luz.

Von Wernich se ocupó de averiguar y a los pocos días le trasmitió a Eugenio Lugones que su hermano César vivía. Eugenio nos informó de la novedad inmediatamente. Entonces le escribí al obispo de 9 de Julio, Alejo Gilligan, a quien conocía de Mercedes y le pedí que le preguntara a von Wernich, entonces párroco de la catedral de esa ciudad, qué noticias poseía de mi hija Mónica. El 4 de agosto de 1976 monseñor Gilligan me contestó, diciendo textualmente: “El único dato recogido por P. Christian es que César Lugones está bien; nada sabe de las demás personas, lugar en que se encuentran ni quienes intervinieron”.

En 1984, cuando inicié la querella en el juzgado de Berraz Vidal agregué la misiva y propuse como testigos al obispo Gilligan y al presbítero von Wernich. Al primero, para que reconociera su firma y el contenido de la carta y al segundo para que dijera quién le había proporcionado la información. De esa manera podíamos avanzar en la identificación de los autores del delito. La noticia salió en los diarios y produjo una conmoción en 9 de Julio. A esta cuestión se agregaron las declaraciones de Mona Moncalvillo, conocida periodista de Hunor y hermana de Domingo Héctor, sobre el caso del grupo de La Plata. El obispo, que seguramente se había olvidado de la comunicación, se molestó mucho y quería sacar una declaración negándola. Le mandé una fotocopia para que la recordara y no metiera la pata, por intermedio del párroco de Trenque Lauquen, Guillermo Noé. Entonces solicitó hacer uso del derecho de ser interrogado por oficio. (Este es un privilegio del cual gozan, en virtud del artículo 290 del código de procedimientos en materia penal para la justicia federal, los integrantes de los tres poderes del Estado, los miembros de los tribunales militares, las dignidades del clero, los ministros diplomáticos y cónsules generales y los militares desde coronel para arriba. Se trata de una de las tantas desigualdades, violatorias del artículo 16 de la constitución nacional, que subsisten en nuestras leyes y costumbres. Habrá que suprimirla).

Gilligan reconoció la carta y von Wernich fue citado por la juez. ¿Cómo salió del paso? Mintiendo. Manifestó que la información de que César Lugones estaba bien se la había proporecionado el mismo Eugenio Lugones. Es imaginable la indignación de éste. Solicitó un careo. La juez lo concedió. Fue una escena violentísima. Von Wernich, extremadamente nervioso, se mantuvo en su posición. Frente a su afirmación sólo estaba la palabra de Eugenio Lugones. Nos quedamos sin prueba.

La salida de von Wernich fue procesalmente ingeniosa. Pero a costa de mentir, luego de un solemne juramento ante Dios de decir la verdad, con un crucifijo delante. Recordé las palabras del Señor, en la teofonía bíblica donde Moisés recibe las tablas con los diez mandamientos: “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Exodo, 20, 16). Y me entristeció que un ministro de Dios, por cobardía, las hubiese olvidado.

Las imputaciones contra von Wernich atrajeron la atención de la prensa. La revista Siete Días mandó al periodista Alberto Perrone y al fotógrafo Mario Paganetti a la ciudad de Norberto de la Riestra, de la diócesis de 9 de Julio, donde von Wernich había sido trasladado como párroco. El sacerdote, dejándose llevar por su vanidad y su gusto por la publicidad, habló mucho. Sus declaraciones, publicadas en el número del 30 de julio de 1984, atrajeron la tención del público. El semanario se agotó y tuvo que reproducir el reportaje en la edición siguiente, del 1° de agosto.

El reportaje a von Wernich, titulado “Habla el cura que interrogaba a los desaparecidos” no tiene desperdicio. En él desnuda su personalidad y sus ideas. “Nunca tuve dudas –afirma– con lo que hice”. Se explaya sobre sus vinculaciones con el grupo de jóvenes prisioneros en la dirección general de investigaciones de La Plata. “Yo estaba encargado –explica– de hablarles, para ir informando como estaba armada su organización montoneros”. Respecto a los testimonios ofrecidos en la audición televisiva Nunca Más afirma: “yo quisiera ver si son ciertos. Desconfío. Temo que no sea cierto todo eso. Me parece, en cambio, que se le dio al pueblo el circo que necesita el gobierno actual para distraerlo de la falta de pan. Así trabaja la zurda en este país”. “Yo nunca estuve en ninguna dependencia policial o militar donde algún preso me confesara que había sido torturado. Y mire que estuve en relación directa con Jacobo Timerman, el ministro Miralles, Papaleo y muchos más ... Camps lo trataba (a Timerman) a cuerpo de rey ... Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce vaya y pase. ¡Pero cómo se le iba a ocurrir torturar a un periodista sobre el cual hubo una constante y decisiva presión mundial... que si no fuera por eso...!”

Los periodistas describen el ambiente: “Pasamos al amplio living con numerosos sillones de cuero y tapices artesanales colgando de las paredes. Christian von Wernich destacó que esa construcción californiana la había hecho él apenas un par de años antes, donde se levantaban unos míseros cuartos. De ahí lo seguimos al sacerdote al lugar acondicionado para su vocación de radioaficionado. Diplomas de diversas emisiones adornan las paredes del alfombrado cuarto. En una pequeña estantería con varios libros religiosos estaban los del general Ramón Camps. Cada uno de ellos con una extensa dedicatoria manuscrita, donde se recuerda al ‘cura y amigo’ y se señala cómo se jugaron ambos la vida. También aparece mencionada Susana, la hermana del sacerdote, casada con un militar compañero de promoción de Camps (Morelli)” Y termina: “yo sé muy bien lo que hice, por qué lo hice y con quienes lo hice. Cuando sea el momento la justicia decidirá. He vivido una guerra desde un punto de vista ideológico, que es el de un conservador de centro... Como le dije antes, espero la justicia, sobre todo la divina”.

“Por las declaraciones de Christian von Wernich el pueblo de este sacerdote se transformó en la caldera del diablo”, titula Siete Días la segunda de sus notas, ilustrada con abundante fotografías. A partir de ese momento el clérigo comprendió que no le convenía seguir hablando y se negó a nuevos reportajes. El obispo Gilligan salió en su defensa y le formuló la misma sugerencia. Como resultado de sus palabras el CELS le inició una denuncia criminal por apología del delito. Von Wernich me acusó ante el juzgado federal de Azul de ser el autor de amenazas telefónicas que recibía en Norberto de la Riestra, fundándose en su similitud con una expresión que incluí en mi carta al párroco de Trenque Lauquen Guillermo Noé. El magistrado, lógicamente, desestimó tan absurda imputación. Los procesos contra von Wernich están paralizados en el consejo supremo de las fuerzas armadas. Entre tanto el gobierno de la provincia de Buenos Aires lo ha declarado en disponibilidad en su cargo policial.

El viernes 25 de abril de 1986 fui invitado por la Comisión Nuevejuliense de Derechos Humanos, CONUDEH, para explicar el caso. Cuatrocientas personas colmaron el salón de la Municipalidad y hubo un diálogo interesante y esclarecedor. Quise invitar al obispo, pero no lo encontré. Luego supe que se había dirigido al intendente solicitándole que revocara la concesión del local. La actitud corresponde a la ideología episcopal que he descripto: la búsqueda de la protección del Estado y el temor a la libertad de debate y al pluralismo.

Otro episodio dudoso en las actividades de von Wernich es el de su estada en Nueva York a fines de 1978. Según sus manifestaciones se trasladó a esa ciudad con un contrato temporal con su arquidiócesis para atender pastoralmente a la comunidad hispanoparlante, instalándose en la parroquia de San Juan Crisóstomo, en Bronx. El caso es que en la causa “Lorusso” se presentó la ciudadana argentina María Eva Ruppert, residente en aquella época en dicha metrópoli. Entregó una carta de von Wernich de fecha 27 de septiembre de 1978 por la cual éste se interesaba por conectarse con los exiliados argentinos vinculados a la revista Denuncia que realizaba una enérgica campaña contra la dictadura militar argentina.

Según el minucioso relato de la señorita Ruppert, von Wernich se encontró con ella en repetidas oportunidades y ofreció su colaboración en las tareas vinculadas con la defensa de los derechos humanos en nuestro país, expresando su deseo de “pasar a máquina y hacer un fichero ordenado con los datos de los ‘contactos’, tanto de Argentina como del exterior, de la organización con la que la deponente colaboraba” (27). Explicó que podía facilitar un aparato de trasmisión de onda corta y una fotocopiadora con igual propósito.

Como la actitud del oferente resultara sospechosa, resolvieron no aceptar sus servicios. En la causa arriba citada von Wernich fue careado con la señorita Ruppert, manifestando no conocerla ni haber ofrecido colaboración alguna a organizaciones de derechos humanos, puesto que ello estaba al margen de su labor pastoral. Para los letrados que estuvieron presentes en dichas diligencias procesales no quedó ninguna duda que la testigo Ruppert decía la verdad.

Christian von Wernich, aunque nacido en San Isidro, provincia de Buenos Aires en 1938, pertenece a una acaudalada familia de la ciudad de Concordia (28), donde realizó sus primeros etudios. Uno de sus hermanos apareció envuelto hace algunos años en la quiebra del Alvear Palace Hotel, hecho que dio lugar a dudosas interpretaciones. En su juventud se trasladó a California, Estados Unidos, donde permaneció un tiempo. Allí aprendió inglés. Parece ser que se inclinaba por los estudios de administración de empresa.

Todas las versiones recogidas indican su inclinación por la vida fastuosa y frívola, aun en la época en que hizo saber que era seminarista y se preparaba para el sacerdocio. Eugenio Lugones, que lo conoció en la pileta de natación del Ateneo de la Juventud a comienzos de la década de 1970, dice que algunos amigos le decían “El Cura” y otros “El Conde” o “El Duque”, “porque se notaba fácilmente que era una persona de mucho dinero... programamos –agrega– un viaje juntos a Río de Janeiro, donde estuvimos cerca de quince días en la época de los carnavales... en su coche particular tenía una sirena, especialmente durante los años 76 al 78. Yo le pregunté por qué la tenía y ahora me doy cuenta de que no era para abrirse paso y que no lo molestaran en la ruta como decía. Además de eso tenía credenciales a nombre de otra persona con su foto y esto lo sé porque personalmente yo se las vi. Creo que el apellido que figuraba en esas credenciales de comisario de la policía de la provincia de Buenos Aires” (29).

La ordenación sacerdotal de von Wernich, ocurrida en 1976 a los 38 años, fue una sorpresa, porque había transitado por varios seminarios y más de un obispo se había negado a ordenarlo, entre ellos Tortolo, de Paraná. Resulta claro que su personalidad no los convencía. Quien se decidió a conferirle el sacramento del orden fue el obispo de 9 de Julio Alejo Gilligan, que pasa por ser un hombre ingenuo. Por esa razón recaló en esa diócesis, que no era la de origen.

En las tres ciudades donde ha ejercido su ministerio, 25 de Mayo, 9 de Julio y Norberto de la Riestra von Wernich gravita sobre cierto sector de la población por su ideología reaccionaria, su estilo desenfadado –nunca usa sotana y prefiere los automóviles potentes– y sus gustos mundanos. Se construyó la casa antes descripta en Norberto de la Riestra. Maneja mucho dinero, cuyo origen se supone es familiar, viaja con frecuencia al exterior y durante la época de la dictadura militar era temido por sus vinculaciones oficiales, aunque hay quien sostiene que salvó a algunos jóvenes de la zona. Cumple con sus obligaciones clericales (misa, predicación, administración de los sacramentos), pero sus actitudes son profanas. Es el suyo un sacerdocio formal y sacramental, sin ninguna vivencia espiritual. No es de extrañar, entonces, que haya sido compatible con su participación en los hechos que se le imputan.

Von Wernich suele decir a sus amigos que ha optado por ser cura, porque es una profesión en la cual, a diferencia de otras, se trabaja los domingos y se descansa el resto de la semana."

del libro: "Iglesia y Dictadura" de Emilio F. Mignone.